Hace unos meses volví a entrenar en Mokaná Rugby Club y, desde entonces, una de las conversaciones más frecuentes dentro del club ha sido cómo seguir creciendo.
No solamente pensando en tener más jugadores, sino en construir una estructura más sólida hacia el futuro.
Hace poco creamos una división mixta para nuevos jugadores y jugadoras. La idea era abrir un espacio para personas que nunca habían jugado rugby y permitirles aprender desde cero. El problema es que ese grupo ya está llegando al punto en el que necesita avanzar, y eso nos obliga a pensar en algo más importante: cómo seguir reclutando constantemente para que el crecimiento no se detenga.
La meta para el segundo semestre es ambiciosa. Queremos tener una categoría masculina B, empezar a consolidar un grupo de niñas que eventualmente permita construir un equipo femenino competitivo y mantener la categoría mixta de nuevos jugadores.
En medio de todas esas conversaciones con Gonzalo Flórez sobre cómo fortalecer el club y construir algo más sólido hacia el futuro, empecé a recordar muchas de las cosas que años atrás había hecho en Carneros para intentar hacerlo crecer. Algunas funcionaron, otras no tanto, pero todas me dejaron aprendizaje.
Hace algunos meses incluso le había pedido a uno de los jugadores de Mokaná que nos ayudara a crear un video pensado específicamente para reclutar niñas. Álvaro Soler terminó creando una pieza publicada en el Instagram de Mokaná Rugby Club que mostraba exactamente la idea que queríamos transmitir (Soler, 2026). Desde hace tiempo venía sintiendo que en Mokaná seguíamos intentando crecer de maneras muy parecidas a las de antes de la pandemia, mientras el comportamiento de las personas y la forma en que consumen contenido cambiaron por completo.
Hoy, hablando también con las chicas de marketing del club, finalmente pude aterrizar una idea que llevaba tiempo rondándome la cabeza: gran parte del problema no es el rugby.
El problema es que en Mokaná todavía no entendíamos del todo cómo llegarle a nuevas personas. Seguíamos usando las redes sociales como si fueran únicamente un tablero de anuncios. Publicábamos
resultados, flyers o fotos grupales creyendo que eso por sí solo podía generar crecimiento.
Y ahí fue donde empezamos a entender que Mokaná necesitaba cambiar la forma en que estaba intentando crecer.
Durante muchos años, el rugby en Colombia, y me atrevería a decir que en muchas partes del mundo, creció de una manera bastante artesanal. La mayoría de clubes no tenía estrategias claras de captación o comunicación. Los equipos simplemente iban sumando personas con el tiempo.
Muchas veces todo comenzaba porque un jugador invitaba a un amigo a entrenar. Otras veces el crecimiento llegaba desde las universidades o desde colegios donde algún club hacía presentaciones para mostrar el deporte.
Yo, por ejemplo, llegué al rugby porque un amigo comenzó a estudiar en la Universidad de los Andes y, durante la semana de inducción de 2007, le entregaron un volante con información del equipo, horarios y lugar de entrenamiento. Gracias a ese papel terminé asistiendo a mi primer entrenamiento en Carneros.
Muchas otras personas llegaban simplemente por curiosidad. Veían un partido en ESPN, escuchaban hablar del deporte o encontraban algún video en internet y terminaban buscando en Google “club de rugby en mi ciudad” o “rugby cerca de mí”.
Y durante mucho tiempo eso funcionó. El rugby todavía se movía en círculos relativamente pequeños y el voz a voz alcanzaba para mantener vivos muchos equipos.
Pero el contexto cambió.
Hoy las personas tienen muchísimas más opciones para ocupar su tiempo y atención. El rugby ya no compite solamente contra otros deportes. Compite contra gimnasios, crossfit, running, pádel, videojuegos, redes sociales y cualquier actividad capaz de generar entretenimiento o sentido de pertenencia.
Además, las personas descubren comunidades y actividades de una manera completamente distinta a como lo hacían hace cinco años. Instagram, TikTok y YouTube cambiaron la forma en que la gente conoce el mundo. Y eso incluye al rugby.
Ahí fue donde empezamos a darnos cuenta de algo incómodo en Mokaná: gran parte del contenido que publicábamos solamente le importaba a quienes ya estaban dentro del club.
Alguien que nunca ha jugado rugby normalmente no conecta emocionalmente con una foto grupal de personas que no conoce. Tampoco entiende automáticamente lo que significa un tercer tiempo, una rivalidad o un resultado. Para mucha gente de afuera, el rugby todavía se percibe como un deporte lejano o incluso intimidante.

Eso nos llevó a entender que, si realmente queríamos que Mokaná siguiera creciendo, no bastaba con entrenar bien. También necesitábamos aprender a comunicar quiénes somos, qué representamos y por qué alguien debería querer hacer parte del club.
Con el tiempo también empezamos a entender algo importante: la mayoría de personas no llega al rugby por el reglamento o por el sistema de juego. Muchas llegan porque quieren probar algo nuevo, salir de la rutina, hacer ejercicio o encontrar un espacio distinto donde sentirse parte de algo.
Y normalmente eso es lo que termina haciendo que alguien se quede. No solamente el deporte, sino el ambiente. La comunidad. Las relaciones. El sentido de pertenencia.
Por eso también empezamos a ver las redes sociales de otra manera. Ya no solamente como un lugar para publicar resultados o evidencias de que entrenamos, sino como una herramienta para generar curiosidad, identificación y cercanía. La idea empezó a ser mucho más simple: que alguien pudiera ver contenido de Mokaná y pensar que eso se veía interesante, que le gustaría probar o vivir algo parecido.
Y para lograr eso también entendimos dónde está realmente la atención hoy. No está en Facebook. El crecimiento actualmente ocurre sobre todo en TikTok e Instagram Reels.
Ahí el rugby tiene una ventaja enorme que en Mokaná apenas estamos empezando a entender mejor. Visualmente es un deporte muy atractivo. Tiene contacto, velocidad, esfuerzo físico, celebraciones y emociones muy fáciles de transmitir en video corto.
El problema no es el deporte. El problema es que todavía no sabemos contar visualmente todo lo que vivimos todos los días.
Pero también entendimos algo más: el crecimiento no ocurre únicamente desde redes sociales. Mokaná necesita volver a existir físicamente en espacios públicos.

En ciudades como Barranquilla, espacios como el Malecón pueden convertirse en oportunidades enormes para mostrar el deporte. No necesariamente para hacer un entrenamiento completo, sino para generar visibilidad. Jugadores uniformados, actividades abiertas, pequeños juegos, interacción y gente teniendo un primer contacto con el rugby. Porque muchas veces las personas ni siquiera saben que este deporte existe cerca de ellas.
Y aun haciendo todo eso, probablemente lo más importante sigue siendo algo mucho menos visible: el proceso de integración.
Ahí también empezamos a entender que muchas veces en Mokaná perdíamos oportunidades de crecer sin darnos cuenta. Supongamos que veinte personas escriben por Instagram preguntando por entrenamientos. De esas veinte, probablemente cinco realmente aparezcan. Y de esas cinco, quizá solo una termine quedándose. Eso es completamente normal.
El problema es que muchas veces nadie acompaña realmente a la persona nueva. Entonces el reto no es solamente atraer jugadores. El verdadero reto es integrarlos.
Porque ahí es donde realmente se define todo. La primera experiencia. Cómo la reciben. Si alguien le habla. Si entiende qué está pasando. Si la dejan sola. Si alguien aprende su nombre. Muchas veces las personas no abandonan un club por el rugby. Lo abandonan porque nunca lograron sentirse parte del grupo.
Por eso el seguimiento también importa tanto. Si alguien fue una vez y no volvió, Mokaná debería escribirle, preguntarle cómo se sintió e invitarlo nuevamente. Porque al final, la retención ocurre mucho más por las relaciones humanas que por el deporte mismo.
Ahí también apareció otra conversación que normalmente en el rugby se subestima mucho: la marca visual.
Y no se trata solamente de tener un logo bonito. Se trata de construir consistencia. Mismos colores, mismo estilo visual, mismo tono de comunicación y una identidad reconocible. Porque eso transmite organización. Y la organización genera confianza.
Finalmente, hay algo que en Mokaná también empezamos a entender mejor: la gente ama pertenecer a cosas.
Por eso el merch importa mucho más de lo que parece. Una camiseta, una gorra, un hoodie o una manilla ayudan a que las personas sientan que hacen parte de algo más grande que solo dos entrenamientos por semana.
Y probablemente ahí está el verdadero reto que hoy tenemos enfrente en Mokaná: aprender a crecer de manera intencional.
Porque durante mucho tiempo nosotros mismos funcionamos como si el crecimiento fuera algo que simplemente ocurría. Como si bastara con entrenar, jugar partidos y esperar que eventualmente aparecieran nuevos jugadores.
Pero hoy eso ya no alcanza.
Mokaná solamente va a crecer de verdad cuando entendamos que el rugby, además de deporte, también es experiencia, comunidad, identidad y comunicación. Y eso no significa perder la esencia amateur.
Significa dejar de improvisar.
Significa entender que Mokaná puede seguir siendo amateur dentro de la cancha y, al mismo tiempo, ser serio en la manera en que comunica, organiza y proyecta su identidad.
Porque al final, Mokaná no va a crecer únicamente porque tenga más jugadores.
Va a crecer cuando más personas sientan que hay un lugar al que realmente quieren pertenecer.

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Referencias
Soler, A. (2026, 18 de marzo). Sofia Reales [Video]. Instagram. Instagram
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